La historia detrás de las más grandes canciones

Vampire Weekend, sin grises

El veredicto de la prensa de Reino Unido, siempre quisquillosa, llegó rápido. “Prep rock”.

Dos palabras bastaron. Los medios de la isla formularon la acusación: música creada por jóvenes llenos de privilegios que coquetean con ritmos africanos desde la comodidad de un campus de la Ivy League, el selecto grupo de universidades privadas del noreste de Estados Unidos. El caso estaba servido.

En 2008, internet ya funcionaba como tribuna y tribunal. Foros y principalmente blogs dictaban sentencia a la velocidad del parpadeo. Cada estreno encontraba juez en unas cuantas horas.

En enero de ese año, cuatro veinteañeros neoyorquinos presentaron su placa debut. Se hacían llamar Vampire Weekend. Su propuesta era breve, pulcra, sin tanto betún. Cuerdas cristalinas, percusiones elásticas y letras simples aunque profundas. En suma, una seguridad que irritaba y fascinaba casi por igual.

La pieza que más escrutinio alentaba se titulaba “Cape Cod Kwassa Kwassa”, un nombre que ya trazaba una línea divisoria: Cape Cod, símbolo del verano acomodado estadounidense; el kwassa kwassa, ritmo congoleño de guitarras circulares y cadencia bailable. Dos geografías convocadas en una canción por cuatro egresados de Columbia: Ezra Koenig, Rostam Batmanglij, Chris Baio y Chris Tomson.

Mientras burbujeaban las sospechas, aumentaba de igual modo el reconocimiento. Pitchfork colocó el debut de los críos entre los mejores del año. New Musical Express y Rolling Stone alinearon sus plumas y celebraron su concisión y frescura en medio de un firmamento indie saturado. Las melodías del cuarteto se convertían en ventanas abiertas para unos y en prueba incriminatoria para otros. La siempre fascinante ausencia de grises.

Ezra Koenig compareció con serenidad ante Pitchfork: “No estamos intentando hacer música africana. Somos una banda de rock y, como cualquier banda, estamos abiertos a influencias de muchos lados y cosas distintas”.

El momento más citado del proceso fue un verso del sencillo publicado en agosto de 2008: “Feels so unnatural, Peter Gabriel too…” Nombrar al exintegrante de Genesis implicaba invocar una genealogía. Desde los años 80, Gabriel había tendido puentes entre África y Occidente, haciendo de esas colaboraciones una parte central de su obra. La referencia era señalamiento consciente.

Entonces ocurrió lo que ningún crítico anticipó. En 2009, Peter mostró su propia versión de “Cape Cod Kwassa Kwassa” junto a Hot Chip y la dejó circular en línea. Lo impensable. El supuesto agraviado tomó la canción y la reescribió en su lenguaje, incluso modificando el verso para no cantar su propio nombre. El diálogo quedó sellado.

La embestida de los detractores de Vampire Weekend perdió fuerza frente a un hecho irrebatible: cuando el maestro responde, la acusación se transforma en conversación.

La acusación que buscaba cuatro culpables terminó regalándoles un padrino. Y uno muy grande.

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