La historia detrás de las más grandes canciones

Mangione suena muy bien

El pequeño neoyorquino de Rochester pasaba días y noches escuchando a Dizzy Gillespie mientras todo su entorno ponía a prueba —y en riesgo innecesario— la cadera haciendo sonar a Elvis Presley y a Bill Haley & His Comets.

Su atención, inmadura pero incisiva como esa que escarba en un monte de tierra desconocido, era absoluta. Lejos de las guitarras que enloquecían a legiones de féminas estadounidenses y sin consultas de por medio, su padre lo llevaba a él y a su hermano Gap a las matinés dominicales de los clubes de jazz.

“Cuando era niño, había hordas de grupos pequeños maravillosos por esos rumbos: la banda de Miles Davis, la banda de Cannonball Adderley, el grupo de Sonny Rollins, Sarah Vaughan, Carmen McRae, Charlie Ventura, todos los que uno pueda imaginar”, recordó Chuck Mangione en la primavera de 1997, cómodo y sonriente frente al periodista del Los Angeles Times, Don Heckman.

Tal formación derivó muy pronto en la aleación musical de los hermanos a través de una banda llamada The Jazz Brothers, en la cual el joven Chuck se apoderó de la trompeta para nunca dejarla. El siguiente paso del risueño chaval fue abandonar la casa paterna, lanzarse a la aventura y enrolarse en los Jazz Messengers, el grupo moderno del baterista Art Blakey, heredando a mediados de los años 60 el instrumento que habían encumbrado Clifford Brown, Kenny Dorham, Bill Hardman, Lee Morgan y Freddie Hubbard.

Una década después, Mangione tocó el cielo cuando creó su colosal “Feels So Good”, el tema cuya melodía fue descrita por la revista Current Biography como “la más reconocible desde ‘Michelle’ de The Beatles”.

Años más tarde, ya inseparable de su fedora ligeramente inclinado y de ese flugelhorn de timbre aterciopelado, su figura se volvió tan emblemática como la melodía que lo consagró.

“En aquel tiempo, los Bee Gees saturaban la radio comercial con ‘Saturday Night Fever’, y los programadores se volvían locos con otras cosas, así que nosotros le hicimos una cirugía mayor a ‘Feels So Good’ y la redujimos de nueve a tres minutos. Después, sin que yo lo supiera, el ingeniero (Mick Guzauski) consideró que la pieza era demasiado lenta y la aceleró medio paso en el tono. Yo no me enteré de esto hasta que asistí a un programa de radio y el DJ me pidió juguetear con él. Yo le dije: ‘Claro’, y luego descubrí que era medio tono más alto, así que dije… ‘¿Qué? Estoy a medio paso’. Al final puedo decir que funcionó”.

Jamás comulgó con el jazz elitista que miraba por encima del hombro al público masivo. Creía com firmeza en la melodía directa, en el acceso amplio, en la emoción sin contraseña.

La cirugía descolocó todos los pronósticos. En 1978, “Feels So Good” trepó hasta el cuarto lugar del Billboard Hot 100 y conquistó el primer sitio en la lista Adult Contemporary, una rareza para un instrumental de flugelhorn en plena hegemonía disco. El álbum homónimo, publicado en 1977, terminaría certificado triple platino en Estados Unidos. Mientras los Bee Gees dictaban el compás global y también incitaban a miles a probar sus caderas frente al espejo, la melodía sin letra se infiltró en transmisiones deportivas, programas de televisión y salas domésticas donde urgía sonreír.

El 22 de julio de 2025, cuando la muerte del risueño Mangione se anunció con la sobriedad que acompañan los adioses de los grandes músicos, volvió a escucharse esa frase inicial que nunca necesitó palabra alguna. El chiquillo de Rochester que eligió a Dizzy sobre Elvis dejó una gema que respira todavía con la misma claridad que en 1978, medio tono más alta, medio paso más viva.

Opina en Radiolaria

Acerca de

Welcome to OnyxPulse, your premier source for all things Health Goth. Here, we blend the edges of technology, fashion, and fitness into a seamless narrative that both inspires and informs. Dive deep into the monochrome world of OnyxPulse, where cutting-edge meets street goth, and explore the pulse of a subculture defined by futurism and style.

Categorías

Buscar