La historia detrás de las más grandes canciones

Soft Cell y el gran afrodisíaco

A falta de novedad, la noticia no era noticia como tal y, paradójicamente, seguía siendo gancho.

La publicación del New Musical Express en 2019 exponía esa contradicción: “El cantante de Soft Cell, Marc Almond, ha hablado sobre el video de su canción ‘Sex Dwarf’, que sigue prohibido para su emisión televisiva en Reino Unido treinta y ocho años después de haber sido filmado. Dirigido por Tim Pope en 1981, el clip muestra al personal de un burdel del Soho empuñando motosierras, a un enano con atuendo fetichista y montones de carne cruda, mientras Almond interpreta la canción usando un diminuto taparrabos. El video exhibe la reacción de horror de Almond y del tecladista Dave Ball, después de que Pope les arrojara gusanos vivos en el rodaje. El material no censurado puede verse en YouTube, mientras que una versión editada con clasificación PG circula por separado”.

El gran titular, diría un editor curtido en las redacciones, reside en la duración del veto. La cultura pop ya había incorporado excesos, ironías y poses cada vez más ruidosas, y aun así “Sex Dwarf” seguía fuera del marco de lo aceptable en la Inglaterra de inicios de los ochentas. La pieza del álbum Non-Stop Erotic Cabaret, el sugerente primer álbum de Soft Cell, ocupaba un sitio extremadamente áspero para el decoro social.

La controversia parte de las intenciones del track cuyo título apunta las flechas mentales a un enano sexual. Y sin demora, Ball pone en marcha una base electrónica ondulante y cachonda, salpicada de jadeos femeninos, sobre la cual se monta Almond con una entonación retadora y picante. Todo al ritmo de una rutina aeróbica con dedicatoria al cuerpo y no a la cabeza: “I’m in my Rolls Royce, look it’s so huge!, it’s big and it’s gold, with my dumb chauffeur, looking to procure, run little doggie…”

El registro del entorno está puesto en la mesa. Clubes privados, factorías del deseo, cuerpos de todas las formas funcionando como contrato, con letras que describen de más y un sintetizador en espiral que no frena. Las evocaciones a la perversión quedan pegadas a la piel.

El clip dirigido por Pope reforzó la idea y la hizo estallar sin anestesia: embadurnado de maquillaje Almond encarna al anfitrión de un club londinense; a su alrededor, observa figurines sometidos, ataviados con cuero, látex, cinturones y máscaras que borran la identidad y hacen olvidar la hora del té. Cuerdas, focos, jaulas, jerarquía, control, sujeción. La verbena de la dominación, la liturgia carnal escenificada con decenas de maestros y no menos sirvientes. Todos apretujados.

“Fue algo adelantado a su tiempo, en la forma en que estábamos usando personas transgénero e incluso trabajadoras sexuales del Soho”, comentó Almond años después.

El corte bien pudo representar el sótano del primer disco de Soft Cell: el lugar inmundo al que se baja cuando el hit ya abrió la puerta de la casa y ahora es momento de husmear en las habitaciones. Después del bombazo de “Tainted Love”, “Sex Dwarf” ofreció todo eso que la BBC censuró ese año. Y los siguientes treinta.

La mordaza dejó fermentar lo prohibido y el clásico del enano perverso fue sellado como un frasco mal cerrado cuyos aromas serpentearon por doquier. En su intento de higienizar las consciencias, la emisora pública del Reino Unido acabó siendo el afrodisíaco. Su veto solo lubricó la curiosidad.

Y las ventanas quedaron abiertas.

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