
En “Feels Like Summer”, Childish Gambino transforma el calentamiento del planeta en una experiencia de intimidad física con el clima; en “all the good girls go to hell”, Billie Eilish traduce la crisis ambiental en imaginería bíblica hecha de fuego y petróleo; en “The Numbers”, Radiohead apunta al lenguaje que gobierna el deterioro —cifras, métricas, balances— y lo confronta con una plegaria que recuerda que la Tierra no es estadística, sino responsabilidad compartida.
El mensaje resuena con disfraces y máscaras diferentes, pero siempre apunta al mismo centro. Y el planeta, lacerado y hendido como nunca antes, acusa recibo.
Mucho antes de ese lenguaje, tan común hoy en día en canciones, causas y campañas, una banda originaria de California que nunca persiguió las ligas mayores del rock lanzó la sentencia con letras mayúsculas, sin rodeos ni alegorías rebuscadas. En 1974, Sparks cinceló “Never Turn Your Back on Mother Earth” con ese título inapelable que no deja huecos de duda. Una composición del álbum Propaganda que colgó un letrero de precaución en la entrada del mundo.
“Esa pieza no había sido pensada como ironía. En verdad era una advertencia directa”, manifestó frente a The Quietus el tecladista y mente maestra detrás de la lírica de Sparks, Ron Mael, el integrante del grupo más fácilmente identificable por ese mostacho cuadriculado que más de uno tradujo como un bigote hitleriano, pero que el mismo defendió explicando que se trataba más bien de una oda visual a Charles Chaplin.
La propuesta de la agrupación de Los Ángeles no embonó en las clasificaciones de ese tiempo. Habiendo sido bien acogida en Inglaterra tras su disco Kimono my House, la cuadrilla compartió atmósfera con Roxy Music, Queen, 10cc y David Bowie, pero era demasiado inteligente para el glam destellante, demasiado histriónica para el rock “serio” y demasiado pop para el progresivo ambicioso. Eso les colocó en un carril de excepción y lateral a los demás grupos de la época.
Esa posición visible pero incómoda e influyente pero inclasificable fue señalada en 2019 por la revista Ultimate Classic Rock, que en su repaso a la historia del grupo estadounidense escribió: “Sparks siempre estuvo fuera de sintonía con la idea convencional del rock and roll”. Una vocación sostenida por pensar el pop desde otra perspectiva, anclada en el pasado y adelantada hacia un futuro que muchos tardarían en comprender.
El cantante Russell Mael, elogiado alguna vez por Björk al afirmar que tenía una increíble “voz de mujer poseída”, secundó la lectura de su hermano Ron con respecto a “Never Turn Your Back on Mother Earth” en una charla con Mojo: “Es una de las pocas canciones en las que no nos escondíamos detrás de personajes. La idea era muy directa”.
Colocando a la Tierra en el centro de todo, las letras del track pregonan que el planeta es nuestra madre y amiga, que el futuro es nuestro para arruinarlo y que el ser humano aparece como deudor, mientras su hogar sufre, se derrite y se calcina.
En el correr de las décadas, las metáforas musicales tomaron fuerza y se multiplicaron sin distinción de voces, géneros o estilos, y las causas encontraron eslóganes y lemas para proteger al medio ambiente. Pero ese viejo letrero que en 1974 colgaron los hermanos Mael, al que muchos ignoraron y le plantaron espalda, sigue ahí, estoico, fijo en la puerta del mundo. Nadie lo retiró. No había motivo.
“Well, I’ll admit I was unfaithful, but from now I’ll be more faithful. Never turn your back on Mother (Don’t turn your back)…”
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