
La imagen corresponde a la portada de la revista Sounds con fecha 1 de septiembre de 1973. Precio en el mercado estadounidense: cuarenta centavos. El gran titular ocupa casi toda la página: “Genesis’ Rainbow”.
Debajo, en letras pequeñas, se anuncia una nueva puesta en escena y se informa que Genesis dará dos recitales en el Rainbow Theatre de Londres el 19 y 20 de octubre, como parte de una manga británica de quince fechas.
A ello, le continúa una columna que escarba en los detalles: “Su nuevo espectáculo escénico —que incluía polietileno, inflables y proyecciones— tuvo que ser descartado a raíz de las nuevas regulaciones contra incendios. Esta semana, la banda estuvo ocupada dando los últimos retoques a su nuevo álbum —todavía sin título— mientras el disco Genesis Live continúa escalando”.
El quinto trabajo de la banda, grabado en Island Studios, se publica como Selling England by the Pound en octubre de 1973 a través del sello Charisma, con todos los anhelos —de Peter Gabriel– de ser eventualmente la piedra filosofal del rock progresivo.
El anuncio en Sounds no habla únicamente de fechas, sino de intenciones. La alineación primigenia de Genesis vuelve a los focos con una placa repleta de brincos súbitos de la arena al césped al lodo, al cielo, sin tregua, y de un espectáculo ambicioso basado en la convicción colectiva de que el escenario puede ser argumento y la fastuosidad, lenguaje.
Gabriel es el show, la primerísima estampa de cada velada. Casco plateado, túnica clara, el porte rígido de una figura sacada de un viejo imaginario, como estatua que ha atestiguado mejores siglos. Antes de que suene la primera nota, el frontman yace inmóvil bajo una espada de luz fina y dice: “Soy la voz de Gran Bretaña antes del Daily Express. Mi nombre es Britannia. Esta es mi canción ‘Dancing with the Moonlit Knight’”.
Expectante y ansiosa, la multitud lo acoge, y junto a los primeros instantes, Peter pronuncia “Can you tell me where my country lies?”
La gira de Selling England by the Pound transcurre en una Inglaterra carcomida por inflación, huelgas y una economía que entra en repliegue tras la crisis energética. El país se ha adherido a Europa y busca asimilar la dilatada despedida de su antiguo peso imperial. En ese clima, “Dancing with the Moonlit Knight” abre el álbum como una sinfonía modular que articula pasado y presente sin que necesariamente mariden.
“La pieza inicia siendo de Peter Gabriel y luego la batalla continúa como una carrera de estafeta. Tony (Banks) toma la delantera. Después, la tomo yo”, explicaría Steve Hackett, un portento en la guitarra que en 2010 calificó a Genesis como el paleolítico del progresivo.
A los veintitrés años, el estrafalario Gabriel encarna a Britannia para exhibir a su cuna. “Dancing with the Moonlit Knight” es un retrato lleno de sobresaltos acerca de un territorio que intenta reconocerse mientras lo fragmentan. Y no menos que ello, hay guiños al Padre Támesis, al imaginario de Land of Hope and Glory y a los sellos comerciales Green Shield: símbolos de una nación antigua friccionando con el consumo moderno.
“Uno de los objetivos del disco era mirar lo inglés de una forma diferente. ‘Dancing…’ fue un intento de combinar elementos tradicionales con arreglos contemporáneos”, expresó Peter en 2007. “Intenté proyectar una referencia folclórica y preservar lo inglés. En la primera parte quise capturar referencias a Enrique VIII y busqué enfocarme en el tema de la comercialización de la cultura inglesa”.
Sin nostalgia ni elegía, con Gabriel aún en los controles, Genesis sienta a un país bajo la espada de luz y lo somete a escrutinio, mientras lo pesan y lo tasan. Inglaterra debe juzgarse de frente, antes de que alguien empiece a venderla por partes.
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