
La primera vez que Miriam Makeba cantó “Qongqothwane” frente a una audiencia estadounidense fue el 1 de noviembre de 1959, en el programa de Steve Allen, una vitrina capaz de reunir a casi cuarenta millones de telespectadores.
Luminarias como Ella Fitzgerald, Harry Belafonte y Nat King Cole habían desfilado en el show de la NBC, y fue en ese entorno donde la cantante sudafricana apareció frente a las cámaras para sumarse a la pasarela de invitados. Parecía que aquel domingo otoñal únicamente habría de ser recordado por una proeza deportiva: pocas horas antes, el corredor Jim Brown había conseguido cinco anotaciones en el juego de futbol americano entre Browns y Colts. Pero no. La magia no fue solo suya.
Makeba salió al set con un vestido de seda sencillo, una capa sobre un hombro y el cabello natural, sin estilización ni accesorios estridentes. Todo era sobriedad. Y entonces comenzó el recital.
La interpretación introdujo un elemento inusual para la emisión. Los clics del xhosa, sonidos producidos con la lengua contra el paladar, resonaron en el estudio. En horario estelar, la invitada cantó en su lengua materna el tema “Qongqothwane”, perteneciente a la tradición xhosa del sudeste de Sudáfrica y parte del grupo nguni, cuyas lenguas utilizan consonantes de clic como elementos estructurales del idioma.
Makeba deslumbró a todos.
Pocos meses después de aquel debut, la canción que cruzó el océano fue incluida en la placa Miriam Makeba. Pronto se decidió que, para su difusión internacional, el título debía acompañarse de un paréntesis explicativo: “The Click Song”, aunque la interpretación conservó su forma original. “La llamaron así porque no podían pronunciar su nombre, pero yo siempre la canté como era”, explicaría la artista nacida en 1932 en Prospect Township, un asentamiento segregado, cercano a Johannesburgo.
Fiel a su cuna, la grabación preservó el encanto de la simplicidad: voz, coros femeninos y percusiones apenas palpables. Todo adherido a la tradición oral xhosa, a los cantos a capela y a los apoyos rítmicos que no necesitan escucharse muy lejos.
“Qongqothwane (The Click Song)” fue la pieza que permitió a la sudafricana abrirse paso en nuevas tierras. Siete años más tarde, rompió la baraja al llegar al duodécimo peldaño del Billboard Hot 100 con “Pata Pata”, su himno definitivo. Durante ese periodo, Makeba actuó en clubes de jazz de Nueva York como el Village Vanguard, donde fue escuchada por estrellas como Miles Davis y Duke Ellington, además de trenzar una amistad entrañable con Nina Simone.
En la tradición xhosa, qongqothwane refiere a un escarabajo asociado a la llegada de la lluvia y a la continuidad de la vida en comunidad. La canción se construyó a partir de repeticiones y respuestas, una forma de salmo hecha para perdurar en el tiempo. Sin proponérselo, Makeba eligió una estructura que pronto dejaría de ser exclusivamente musical.
Fuera del escenario, la vida de Mamá África avanzó en terrenos menos tersos que las canciones que interpretó. Con solo dieciocho meses ya había sido encarcelada junto con su madre, una curandera espiritual que elaboraba cerveza y la vendía para subsistir (“A los africanos no se les permitía beber y mi madre llegó a la cárcel por no poder pagar la multa”). En agosto de 1963, al testificar ante las Naciones Unidas contra el Apartheid, denunció la discriminación racial en Sudáfrica y pagó el precio: sus canciones fueron prohibidas en su país natal y su pasaporte fue cancelado. Vivió fuera casi treinta años, repartiéndose entre Estados Unidos, Europa y Guinea, y experimentó uno que otro vuelo en avión donde el racismo hizo que nadie quisiera ocupar los asientos a su lado.
En 1985 sufrió la más dolorosa de sus pérdidas: su única hija Bongi falleció por complicaciones derivadas de un embarazo prematuro tras perder al bebé en gestación. Cinco años después, curtida entre tantas vicisitudes, pudo volver a Sudáfrica por invitación de Nelson Mandela, el hombre que un día la llamó “nuestra voz en el exilio”.
El 9 de noviembre de 2008, en Castel Volturno, Italia, Makeba participó en un concierto en apoyo al escritor Roberto Saviano, amenazado de muerte por la mafia. Habiendo interpretado la célebre “Pata Pata”, se desvaneció y falleció pocas horas después. “Qongqothwane” no formó parte del último recital.
Apenas dos años antes, apoyada en un bastón, había expresado su anhelo de retirarse. “Con setenta y cuatro años me resulta difícil viajar y moverme. Me he pasado la vida de un lado a otro y me gustaría tener tiempo para descansar y estar con mis dos bisnietos”.
La bisabuela se fue como vivió. Luchando, defendiendo, cantando.
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