
En septiembre de 1987, el chart británico registró un “fallo”.
Sin aviso ni previsión, el número uno en la lista de popularidad en la isla lo ocupó una canción sin banda visible, sin álbum del cual emerger, sin promoción y sin rostro que le diera reconocimiento en pantalla. Una pieza hecha de mil piezas, todas ajenas.
Y aún así, esta anomalía frankestiana desplazó al producto pop perfecto de su tiempo. Rick Astley representaba la maquinaria ideal de la industria musical: chico apuesto de sonrisa pícara, pelirrojo, con peinado impecable, siempre sonriente y dueño de una vozarrón diseñada para la conquista de masas.
Otra lógica irrumpió y ocupó ese espacio.
Un par de medios en Inglaterra entendieron que el nuevo reinado respondía a una premisa insólita e inédita. El semanario New Musical Express lo resumió así: “Eso es como el sonido del futuro aterrizando en las listas por error”. The Guardian, a su vez, publicó: “‘Pump Up the Volume’ demostró que un hit pop puede construirse casi por completo a partir de discos ajenos”.
La canción, ciertamente titulada “Pump Up the Volume”, surgió de un experimento auspiciado por 4AD, sello londinense fundado en 1980 y dedicado a ser guarida de propuestas innovadoras. Honrando tal convicción, el ente independiente metió en la licuadora a dos bandas que no tenían coincidencia alguna: Colourbox y A.R. Kane. El proyecto cargaba un nombre que parecía salido de un mal viaje químico: M/A/R/R/S. Identidad de lo que parecería un error, las diagonales rompían toda continuidad. Aquello eran letras obligadas a convivir. Igual pasaba con los dos grupos involucrados, aportando cada uno a su modo. Colourbox puso la lógica del estudio; A.R. Kane, el ruido de las guitarras. Una fricción eficaz y arrebatadora.
Los chicos de Colourbox pensaban en términos de edición, ritmo, corte y estructura, mientras que en A.R. Kane apostaban por la carga atmosférica, las capas y las texturas. Y la encomienda culminante de hacer el gran cóctel quedó en manos de Martyn Young, capitán de Colourbox, quien afirmó: “Todo eso fue ensamblado; jamás nos imaginamos que sería número uno”.
En ese mar de sampleos, todo quedaba orquestado a partir de un grito de guerra repetido tres veces: “Pump up the volume!”, tomado de una grabación de Eric B. & Rakim, con voz seca y autoritaria. A su alrededor se acomodaron fragmentos de Public Enemy (gritos colectivos y llamados como “brothers and sisters!”), James Brown (exclamaciones aisladas), S’Express (migajas de groove electrónico) y pujantes órdenes de DJ lanzadas desde cabinas radiofónicas. En suma: sonidos fugados de sus respectivas biografías, ensamblados en un beat hipnótico imposible de ignorar.
Semejante irrupción no podía tener un desenlace canónico. La extinción del proyecto fue igual de perturbadora que su origen. Cuando “Pump Up the Volume” alcanzó el número uno en Reino Unido, M/A/R/R/S, fuera lo que eso fuera, ya no existía. El 23 de septiembre de 1987, en una entrevista con la revista Smash Hits, Martyn Young reveló con una naturalidad desarmante: “De hecho, hoy mismo nos hemos separado”.
Rick Astley, el ídolo despojado del trono, no tuvo a quién culpar. La anomalía se había evaporado. La corona yacía en el piso.
Opina en Radiolaria