
Linda Ronstadt y Jennifer Warnes hacen volar sus voces, bellísimas y aterciopeladas, durante el estribillo: “Ooh, ahh, ohh, excitable boy!”. Se oyen alegres y plenas. El saxofón acompaña con un tono celebratorio, ligero.
Luego el relato se tuerce. La letra empieza a verter una materia más densa, como sedimento lento, sin alterar la superficie.
La canción se titula “Excitable Boy” y la escribió Warren Zevon. Apareció en 1978 como tema nodal de la placa del mismo nombre que el propio Zevon, un tipo antipático de cabellos con caída desordenada, produjo junto a Jackson Browne y Waddy Wachtel, en el corazón de la escena californiana.
La trama no tiene filtros: un joven viola y asesina a su novia Suzie en la noche del baile de graduación. Es detenido al instante e internado. Pasan diez años y tras recuperar su libertad, el chico regresa al lugar del crimen y desentierra el cuerpo de su exnovia. Con unos pocos huesos, construye una jaula. Las frases son todo menos poéticas: “And he dug up her grave and built a cage with her bones…”
La manera de trasladar esta inhumanidad al centro de una pieza en apariencia alegre y soleada acompañó también la conversación mediática alrededor del cáustico compositor californiano, uno de los más salvajes de su generación. Al reseñar la biografía I’ll Sleep When I’m Dead, la revista digital A.V. Club describió el libro como un retrato atravesado por “detalles sórdidos y mala conducta sexual, química y de otra índole”.
Otros cercanos a Warren suavizaron el panorama juzgándolo como un cantautor atípico que simplemente respondía al título: un chico excitable. Peculiar absolución para meter cualquier rumor en una ducha de agua fría y a lo que sigue.
El estribillo retorna. Ronstadt y Warnes vuelven a elevar el cántico con el mismo gesto radiante mientras la escabrosa historia del homicidio se hunde en terrenos más pantanosos. Y el saxofón sigue…
“Esta canción es un chiste colocado en música. ¿Por qué no rasguear la guitarra acompañando el chiste?”, comentó Zevon con atisbos de cinismo en un encuentro con Newsday.
Warren compuso la base de la pieza minutos después de cenar con uno de los integrantes de su círculo de confianza en Los Ángeles, el guitarrista LeRoy Marinell. “Simplemente soy un chico excitable”, fue la frase que quedó flotando sobre los platos sucios. Vaya sobremesa. Jamás se supo cuál de los dos la pronunció. Mucho menos qué la motivó.
El álbum del tenebroso Zevon registró un buen número de compradores porque “Werewolves of London”, otro de los cortes de 1978, cautivó a miles a partir de una monstruosidad peluda y reconocible. En cambio, “Excitable Boy”, con ese horror doméstico y carente de disfraces que tocó el punto más despreciable con la mención de una jaula de huesos humanos, desencadenó más consternación que veneración.
Cada vez que la canción es reproducida, Ronstadt y Warnes brillan de nuevo con sus voces alegres, hermosas. Y el chico malévolo también sigue ahí. Todo lo demás ya pasó.
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