
El desierto todavía guarda el calor de lo que ha caído del cielo. Junio de 1947, el ganadero Mac Brazel halla un sinnúmero de restos brillantes en su rancho tras una fuerte tormenta.
Son tiras metálicas y de goma, varillas, fragmentos que, según revela Brazel, “no se podían cortar, quemar ni marcar”. El sitio se encuentra cerca de Corona, Nuevo México, a más de cien kilómetros de la Base Aérea de Roswell. Aunque el impacto ocurre en esa zona, el nombre se queda en la ciudad que termina absorbiendo la historia.
Así, Roswell tintinea como punto en el mapa. La noticia corre, el rumor pasa entre bocas y orejas y, antes de que el polvo termine de asentarse, alguien ya canta sobre ello en la radio. El grupo country The Buchanan Brothers adereza con voz y guitarra el desconcierto inicial al grabar “When You See Those Flying Saucers”.
El eco crece, varias voces se suman al murmullo. El hecho se escurre en las conversaciones y se convierte en oro para rimas rápidas y estribillos contagiosos. Resulta cómodo —y hasta divertido— encuadrar el morbo en estrofas; aligera la incomprensión.
El 8 de julio de 1947, desde una oficina con aire acondicionado, el comandante de la Octava Fuerza Aérea en Fort Worth, Roger Ramey, lee el encabezado del periódico Roswell Daily Record (“Fuerza Aérea captura platillo volador”) y convoca a la prensa para cercenar la polémica con una frase: “Aquellos restos pertenecían a un globo meteorológico”.
El portazo es solo administrativo. La radio se mantiene encendida y el cancionero sureño sigue absorbiendo la extrañeza. El relato migra del campo abierto a los interiores y se esparce en los pasillos, bajo luces artificiales. Los años avanzan. El enigma de Roswell también.
En 1990, Megadeth abre la puerta al misterio con “Hangar 18”, la mayor gema de su placa Rust in Peace. Para Dave Mustaine, el áspero pelirrojo que lidera el cuarteto, el incidente siempre tuvo modo de evolucionar. La canción iba a titularse “N2RHQ” (Into our headquarters) porque lo que cae se mueve, y lo que se mueve se guarda. En las sagradas escrituras de la cuadrilla de thrash metal, el objeto de 1947 era de origen alienígena y fue llevado de Roswell a un almacén. Roswell es el punto de partida y el hangar el destino bajo vigilancia eterna.
Nick Menza, el apuesto y carismático baterista del grupo, abiertamente crédulo ante lo inexplicable, dijo: “Hay cosas raras, conspiraciones del gobierno y encubrimientos alienígenas… y toda clase de particularidades en el camino. Yo estaba en el patio con mis hijos y vimos algo… No estoy seguro de qué es, pero es algo increíble”.
Concierto tras concierto, “Hangar 18” es celebrada por miles de feligreses de melenas leonescas, enloquecidos por guitarras que se enredan al final de la canción como serpientes furibundas, reacias a devorarse una a la otra.
Así se empuja contra el silencio. Así continúa propagándose la controversia que el gobierno arrastra desde hace un siglo.
En 2016, Nick Menza se desplomó en pleno escenario y murió de un paro cardíaco en el club californiano The Baked Potato, sin escuchar un reconocimiento oficial del incidente de Nuevo México.
El desierto, con sus arenas y su serenidad perpetua, sabrá más de eso que jamás quedó del todo enterrado.
“Welcome to our fortress tall, I’ll take some time to show you around, impossible to break these walls for, you see, the steel is much too strong…”
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