
Kraftwerk nunca quiso parecer humano. Quiso funcionar.
Mientras el pop seguía anclado al cuerpo, al sudor y al agasajo, Kraftwerk hablaba de radioactividad, computadoras y robots. El cuarteto suprimió el gesto, redujo el movimiento y convirtió la presencia escénica en un cuadro controlado y perfecto. La elección fue más estructural que estética.
La prensa buscó un término para describir lo que veía en los alemanes y lanzó uno: “Showroom dummies” (maniquíes de aparador). Lejos de incomodar al grupo, la palabra fue bien recibida. Wolfgang Flür la selló con una frase que resume toda una ética: “Nuestros bateristas no sudan”.
En una entrevista con la revista Uncut, el mandamás del grupo, Ralf Hütter, explicó el sentido de “Showroom Dummies”: “La canción describe la transición del ser humano al maniquí y del maniquí al robot; la evolución de la pose inmóvil a la animación y, finalmente, a la motorización. Íbamos camino a la robotización… ¿así se dice? En ese corte hablamos principalmente de nosotros mismos; sentíamos que nos habían fotografiado hasta el cansancio”.
El músico convertido en imagen fija. La presencia reducida a repetición. Kraftwerk entendió antes que muchos que el artista moderno estaba condenado a ser un archivo visual y, en consecuencia, ideó una respuesta pragmática donde la figura artificial soporta todo tipo de insistencia y agobio. “Por eso incorporamos los maniquíes y, un poco más tarde, los robots: porque le tienen más paciencia a los fotógrafos”.
“Showroom Dummies” pertenece a Trans-Europe Express, álbum grabado en 1977 por la formación clásica: Hütter, Florian Schneider, Karl Bartos y Wolfgang Flür. En ese periodo, el Kling Klang Studio dejó de ser un estudio y se volvió una especie de planta industrial con encierros prolongados, perfeccionismo extremo y control absoluto.
La lírica del tema introduce un dato decisivo que, curiosamente, aún representa una licencia para las pulsiones y la sangre. Cuando el escaparate se apaga, los maniquíes se van de farra. “Las letras de ‘Showroom Dummies’ reflejan nuestra realidad diaria: salir a clubes”, dijo Hütter en referencia a toda esa vida que ocurre fuera del horario oficial y lejos de los flashazos. “En Alemania esos sitios permanecen abiertos hasta muy tarde”.
“Showroom Dummies”, más que una composición sobre maniquíes, es una decisión histórica, el momento en que Kraftwerk entendió que la permanencia no se logra intensificando la presencia, sino administrando la ausencia. Que el futuro no necesitará artistas desbordados, sino conceptos indestructibles. Que la música puede sobrevivir mejor sin rostro ni biografías.
En el comienzo de la década siguiente, los maniquíes dejarían de ser una imagen para integrarse con naturalidad a los recitales de la agrupación de Düsseldorf. Con seres inmóviles frente a los fans, el escenario confirmó lo que la canción ya había formulado a manera de predicción.
Y ahí queda abierto el experimento definitivo. Llevar la idea de que Kraftwerk exista sin cuerpos ni escena y que la electrónica siga operando como una máquina bien calibrada e indiferente a los estragos del tiempo. Quizá Ralf Hütter no descanse hasta comprobar si eso es posible. Hasta saber si una banda que diagnostica y anticipa los tiempos puede, por fin, dejar de respirar, morir y seguir funcionando.
“We’re being watched and we feel our pulse. We are showroom dummies, we are showroom dummies…”
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