La historia detrás de las más grandes canciones

Amortiguadores del dolor y Slowdive

Hay un lugar en la costa de Cornwall, en Newquay, al suroeste de Inglaterra, donde el viento es una maraña invisible y las gaviotas golpean el aire como una borrasca blanca y emplumada.

Ahí caminaba Neil Halstead, manos en los bolsillos, cuando empezó a tomar forma “Sugar for the Pill”. Ocurrió antes del regreso, antes del disco, incluso antes de las palabras. Todo germinó como una sensación: ruido, sal, una belleza que no necesariamente era consuelo.

Halstead ha sido siempre eso en Slowdive. No un narrador, sino un traductor de estados que no escribe para explicar, sino para alterar el clima emocional. Sus canciones no avanzan en línea recta; se suspenden. Son estados del tiempo y del alma. Meteorología musical.

Durante años, Slowdive se alineó con las bandas que entendieron la emoción como un fenómeno atmosférico que crece sin freno, donde la voz no ocupa el centro y el ruido no es enemigo, sino protagonista. En el shoegaze, género así llamado porque durante los conciertos, los músicos pasaban buena parte del tiempo mirando a sus zapatos para manipular pedales de efectos y crear densas capas de sonido sin importar la pose sobre el escenario, el grupo no buscó impacto inmediato, sino permanencia.

El corazón de “Sugar for the Pill” emana de una imagen añeja que Halstead explicó años después: “Cuando niño, me daban la medicina sobre un cubo de azúcar y digamos que el cubo se sumergía en la medicina para hacerla más agradable. La canción aborda la idea de que algo desagradable, que puede hacerte sentir mejor, necesita ser endulzado”.

Ahí está la clave. El azúcar no niega la medicina. La medicina no deja de ser amarga. Pero el cuerpo aprende a aceptarla. La canción no habla de curación, sino de asimilación. No de borrar el dolor, sino de hacerlo tragable.

Cuando la agrupación de Reading volvió al ruedo en 2017, habían pasado veintidós años desde su separación. El mundo tenía otras facciones, así como ellos. No abanderaron su retorno con euforia ni promesas de redención. Su álbum homónimo vio la luz tal cual aparece la medicina: medida, calculada, dosificada. Y “Sugar for the Pill” no anunciaba un nuevo comienzo con bombo, más bien sugería algo silencioso y honesto como es montarse de nuevo en la silla del caballo. Con tacto y cuidado.

La canción nació de un motivo ascendente de guitarra. La emoción vino primero, luego las palabras. Incluso la producción siguió tal lógica. Para controlar el feedback y domar las estridencias, Halstead rellenó su guitarra con plástico de burbujas. El sonido siguió ahí, contenido lo justo para que la melodía pudiera respirar. Otra vez el cubo de azúcar.

En las semanas en que escribía el tema, el compositor principal del grupo británico estaba anclado a las páginas de Wuthering Heights, una novela donde el amor no promete redención ni alivio. Amar no cura y el paisaje no sirve para consolar. Quizá por ello, “Sugar for the Pill” es una perfecta metáfora vital que no promete alivio ni certezas, apenas ofrece algo mínimo, casi doméstico: una forma de engullir la pastilla sin atragantarnos con las versiones más pequeñas de la muerte.

A veces, más que suprimir la congoja, lo único que puede cambiarse es el modo de cargarla. A veces, solo se necesita un pequeño cubo de azúcar, un amortiguador endulzado.

There’s a buzzard of gulls, they’re drumming in the wind, only lovers alive, running in the dark…

Opina en Radiolaria

Acerca de

Welcome to OnyxPulse, your premier source for all things Health Goth. Here, we blend the edges of technology, fashion, and fitness into a seamless narrative that both inspires and informs. Dive deep into the monochrome world of OnyxPulse, where cutting-edge meets street goth, and explore the pulse of a subculture defined by futurism and style.

Categorías

Buscar