La historia detrás de las más grandes canciones

Serú Girán y los brujos

En la canción no aparecen militares ni uniformes, pero sí brujos, figurines oscuros que operan desde la sombra, que no dan órdenes visibles pero deforman la realidad hasta volverla una pesadilla.

Cuando Charly García escribió “Canción de Alicia en el país”, incluso antes de la fundación de Serú Girán como grupo, sus letras no eran decorativas, mucho menos fantásticas: describían con suficiente precisión el clima de una Argentina convulsa donde el poder no necesitaba mostrarse a la luz para sembrar pánico.

“La idea de ‘Alicia…’ se me ocurrió después de que vi una tapa de Genesis, Nursery Cryme (1971), donde hay tipos jugando al cricket con cabezas, y también el cuento de Alicia en el País de las Maravillas, que nunca leí del todo”, reveló Charly en una emisión televisiva. “Me puse metafórico pero bastante directo, porque habla de las tortugas, de las morsas que era Onganía, de los brujos que eran López Rega. Yo creo que los recitales de Serú Girán que hicimos en Obras eran lugares de resistencia. La gente iba ahí y se expresaba”.

Antes del golpe militar de 1976, aquella tierra había aprendido a vivir bajo amenazas sin firma, listas negras informales y castigos arbitrarios. En el centro operaba José López Rega, con el mote “El Brujo”, ministro y fundador de la Triple A, organización parapolicial que hacía de la persecución, la tortura y el asesinato selectivo su día a día. Ni falta hacía entender cada delito. Bastaba con palpar el ambiente. Y ese país torcido es el verdadero escenario de Alicia.

La canción fue compuesta en 1976, pensada originalmente para una película y cantada por otra voz. Charly García, con veinticinco años, entendió que, en ese contexto, insertar nombres en la lírica era exponerse y de pronto sentenciarse.

La palabra directa era peligrosa, había que adobarla con poesía. Por eso recurrió al mundillo de Lewis Carroll: un firmamento absurdo donde las reglas cambian, los juicios carecen de lógica y los inocentes no saben de qué se les acusa. Alicia, su Alicia, no es una chiquilla, es el argentino cotidiano tratando de hallar sentido.

Años más tarde, Charly explicó ese mecanismo en el periódico La Nación: “No se podía decir nada, entonces lo dije todo”.

Y el “todo” no era una denuncia explícita. Más bien, describía un método: confundir, invertir, castigar sin explicar. El método que López Rega había puesto en marcha y que la dictadura militar sistematizó después.

Para sobrevivir, la canción tuvo que fingir otra cosa. Charly contó que incluso ofrecía explicaciones falsas con tal de desactivar la mínima sospecha: “Yo decía que ‘Canción de Alicia en el país’ era por una amiga que había ido al jardín de niños…”

En 1980, cuando “Canción de Alicia en el país” fue grabada por Serú Girán, aquel dream team integrado por Charly, David Lebón, Pedro Aznar y Oscar Moro, el país ya vivía bajo un régimen militar absoluto: centros clandestinos, desapariciones y una censura tan habitual como jugar futbol en las esquinas. Y, sin embargo, la canción no fue prohibida ni retirada. No porque fuera inofensiva, sino porque no estaba escrita en el idioma que el poder sabía perseguir.

En entrevistas recuperadas por Página/12, García fue explícito sobre su intención estética: “La canción fue deliberadamente espantosa: un río de cabezas aplastadas por el mismo pie”, contó García en Página/12.

Así que, ante todo, la música era registro. Sin pretender derribar al régimen, los Serú Girán dejaban constancia de cómo se vivía cuando el miedo se volvía cotidiano y la lógica un nimio privilegio.

Luego… la dictadura cayó, López Rega murió exiliado y la Triple A quedó marcada como antesala del horror institucional. Pero la composición, una vez más, sobrevivió.

En voz de Charly, la metáfora no fue un ejercicio literario, sino una forma de autodefensa colectiva. “Canción de Alicia en el país” no explicó el horror: lo dejó escrito antes de que tuviera nombre. Por eso sigue ahí, recordando que hubo un tiempo en que entender era peligroso, pero no entenderlo todo era aún peor.

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