La historia detrás de las más grandes canciones

Fela Kuti y el ataúd vacío

El ataúd atravesó la calurosa Lagos sin ceremonia. Fue en agosto de 1978. No hubo silencio respetuoso ni coronas. Solo la caja de madera cargando un alma cuyo cadáver ya no estaba.

Fela Kuti llevó el féretro vacío de su madre hasta las puertas de los cuarteles de Dodan Barracks, la sede del gobierno militar nigeriano, y lo dejó ahí, en las narices del poder. No fue a pedir audiencia ni a sacar una hoja de papel humedecido por las lágrimas para dar un discurso. De un modo impensable, el mensaje del astro de la protesta anticolonialista fue entregado.

Funmilayo Ransome-Kuti había sido arrojada por una ventana catorce meses antes, durante el asalto del ejército a la República de Kalakuta, como se le conoce a la pequeña comuna con hondo olor a hierbas donde Fela residía. La activista y cabeza de varias asociaciones de mujeres murió a causa de las muchas heridas que le provocó la caída.

En 1976, Nigeria vivía bajo un régimen militar donde el ejército era intocable y públicamente incuestionable. En ese contexto, el rebelde Fela escribió “Zombie”, una pieza afrobeat eterna, construida como trance y burla con una duración de doce minutos que, a medida que avanza, parece un golpeteo orientado a desgastar y machacar hasta romper. Sin metáforas ni eufemismos, Fela llamaba zombis a los soldados y se mofaba de ellos tachándolos de entes que obedecen sin abrir puerta a la mínima reflexión.

El hombre que usaba pintura en el rostro para romper visualmente con el molde europeo heredado del colonialismo le dijo a un reportero de The Guardian en 1982: “‘Zombie’ significa un soldado que hace exactamente lo que se le ordena. Ellos no piensan por sí mismos”.

En pocos días la canción inundó las calles y los clubes con el retumbe y resonancia suficientes como para que el poder escuchara pronto y fraguara el escarmiento. Al mediodía del 18 de febrero de 1977, mil soldados de Obasanjo rodearon y atacaron Kalakuta, detonando sus ametralladoras y prendiendo fuego al lugar. Fela logró eludir una primera agresión y escapar de casa, pero su madre, considerada por muchos la primera dama de la independencia nigeriana, quedó a merced de los perpetradores, quienes la capturaron, la arrastraron varios metros y la arrojaron desde un segundo piso. No falleció esa noche, pero la muerte recibió su tarjeta de invitación para hacerse presente catorce meses después. Las heridas, entonces, fructificaron.

Fela sostuvo por años que la ofensiva fue una represalia directa por componer “Zombie”. Perdió a su madre. Después, el ataúd frente al gobierno. Y después, la música: escribió “Coffin for Head of State” para firmar en veintidós minutos y unos cuantos versos lo sucedido ese día: “Them steal all the money, them kill many students, them burn many houses, them burn my house too and killed my mama, so I carry the coffin…

La furia del insumiso Fela se acrecentó y sus creaciones subieron de intensidad, sin ornamentos ni consuelo, algo que admiradores de la estatura de Brian Eno entendieron a miles de kilómetros de Lagos. “La música de Fela no era decoración política, era confrontación”, opinó el ex Roxy Music.

“Zombie” no derrocó al régimen nigeriano, pero prendió la antorcha y, con ello, pasó de canción a documento.

Su impacto cesó hace décadas; la obediencia autómata que describe… no.

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