La historia detrás de las más grandes canciones

‘Jugband Blues’, la última jugarreta de Syd Barrett

De “Jugband Blues”, la última pieza de Syd Barrett al frente de Pink Floyd, el productor Peter Jenner dijo alguna vez: “Syd sabía lo que le estaba pasando. ‘Jugband…’ es una canción extraordinaria, el autodiagnóstico definitivo alrededor de un estado de esquizofrenia, el retrato de un colapso nervioso”.

Ese derrumbe se desliza dramáticamente frente al micrófono, cuando Barrett, con la cabellera hecha un bosque de ramas huesudas, la mente mordisqueada por el LSD y la mirada típica de un pez, estática y fija en alguna serpentina del océano infinito, susurra a la mitad del tema: “And I wonder who could be writing this song…” Pareciera la peor de las bromas. Pero no lo es.

El cerebro del otrora pícaro fundador de Floyd se ha secado con el ácido lisérgico que unos meses atrás, en pleno 1967, le fue puesto en bandeja de plata dentro del apartamento de su entonces novia Sue Kingsford. Entre mayo y julio de ese año, su comportamiento mutó y su número de parpadeos por minuto descendió considerablemente. Las actuaciones durante la gira del grupo inglés sufrieron una metamorfosis y el cuarteto debió adaptarse como si fuese trío durante varias presentaciones al ver que su capitán a menudo se quedaba inmóvil, con su guitarra colgando del cuello y sin hacer sonar una sola nota.

Para la grabación de “Jugband Blues” el errático vocalista pidió al ingeniero y productor Norman Smith conseguir a la banda del Ejército de Salvación, capricho que le fue cumplido y para el cual Barrett llegó tarde a los estudios De Lane Lea de Londres y se presentó ante cada miembro de aquel batallón musical. “Dejen que toquen lo que ellos quieran”, pidió el chico de Cambridge solo antes de desaparecer de nuevo.

«Realmente no tengo ni idea de cómo escribió ‘Jugband Blues’. Había un buen número de ocasiones en las que parecía estar, ya sea en su flat o en mi flat o en el estudio, y comenzar algo y todo salía como si nunca lo hubiera pensado antes de ese instante», recordó en 2001 David Gilmour, eventual reemplazo del Diamante Loco. “Con palabras y todo, es una manera que me resulta muy difícil de concebir. Parecía que iba inventando las letras a medida que avanzaba, pero estoy seguro de que no puede haber sido tan simple. Tal vez fue un impulso del subconsciente que de alguna forma él dejó fluir, o quizá se sentó y pensó en ello. No puedo imaginarlo haciéndolo conscientemente…”

Es verdad que varios pasajes de The Dark Side of the Moon, Wish You Were Here e incluso el noventero The Division Bell recogen la fractura mental que partió en dos la vida de Barrett, pero ninguno fue un testimonio en carne propia como sí lo fue “Jugband Blues”, esa composición de un hombre en descomposición, ese joven apuesto, frágil e ingenuo que no calculó las orillas de las tentaciones y recitó en el final de aquella pieza dos preguntas que enmarcan a la perfección su tragedia: “And what exactly is a dream? And what exactly is a joke?

It’s awfully considerate of you to think of me here and I’m most obliged to you for making it clear that I’m not here… and I never knew the moon could be so big…

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