
Pinta, maquillaje, melenas crecidas al punto perfecto, botas de la altura del Everest, atuendos perfeccionados, un par de torsos al desnudo en la parte frontal del escenario (el de Stanley y Simmons) y dos álbumes colocados en el mercado en los últimos trece meses medianamente acogidos por los discípulos de la estridencia.
Hacía falta, sin embargo, el punto medular de la odisea. Mirando a otras cuadrillas de rock de mediados de los setentas, los Kiss carecían del meteorito que impactara de lleno en el pináculo de sus actuaciones e hiciera retumbar al mundo entero. De no alcanzar dimensiones planetarias, el cuarteto al menos estaría más cerca de obtener el otro gran botín de toda experiencia en directo de una banda de hard rock: alentar a las chicas a despojarse de sus sostenes y arrojarlos a la tarima. A juicio de los cuatro especímenes de Detroit, ningún grito o aplauso podría ser más inspirador en pleno show que mirar a una sirena topless en los cordones del frente del respectivo anfiteatro o arena.
“Originalmente, Gene y yo tendíamos a ayudarnos mutuamente a llenar ciertos vacíos. ‘Rock and Roll All Nite’ surgió porque sentimos que necesitábamos un himno, una pieza que pudiera ser el grito de guerra para todos nuestros seguidores”, contó Stanley a Bruce Pollock. “Así que volví al hotel y brotaron en mi mente el coro y la melodía. Luego bajé a ver a Gene y a él se le ocurrieron los versos. Esa era la forma en que solíamos escribir. A medida que él y yo nos convertimos en mejores letristas, estuvimos menos dispuestos a inclinarnos sobre nuestras ideas individuales, o puede haber sido que ambos consideráramos que nuestras canciones serían más fuertes si las desarrollaba la persona que las escribió».
La idea de componer “Rock and Roll All Nite” no brotó de un momento de regocijo. Fue la respuesta casi inmediata a una orden cantada con rigor en una de las oficinas de Casablanca Records. Neil Bogart, el mandamás del sello, dispuso detener súbitamente el recorrido del Hotter than Hell Tour en el que se encontraba el grupo y pedir un “tiempo fuera” para que los nenes de los disfraces volvieran a los estudios Electric Lady de Nueva York. Teniéndolos frente suyo, les pidió componer “Una canción que sus fans puedan respaldar, una pieza que exponga lo que pregonan e indique cuál es su manifiesto».
Habiendo confesado alguna vez que el alma y corazón de Kiss residen en Reino Unido, Simmons dijo sin complejos en 2011 que parte del riff fue tomado de “Mamá Weer All Crazee Now” de los ingleses Slade, mientras que Stanley ha optado por aprovechar las diversas entrevistas alrededor del single para aclarar que ese espíritu fiestero inacabable jamás ha tenido que ver con excesos que pongan el cuerpo o la mente en jaque. En 2019, fue preciso en una estación de radio: “Quiero pasar un buen rato y aprovechar al máximo la vida. Eso es en realidad lo que siempre ha sido tanto un punto de vista propio como el de Kiss: celebrar la vida y sacar el mayor jugo posible de la vida porque, hasta donde yo sé, no tendremos una segunda oportunidad. Así que este es nuestro modo de morder la manzana”.
La exigencia de Bogart fue cumplida y los resultados llegaron en dos fases. El sencillo lanzado el abril de 1975 se ubicó en la muy discreta sexagésima octava posición del Billboard, por lo cual se decidió grabar una toma en directo del show del 16 de mayo de ese año en el Cobo Hall de Detroit, misma que se ubicó en el decimosegundo escalón del listado.
El himno había llegado y la sentencia a cosechar prendas femeninas durante décadas había sido dictada para la banda que en aquellos años 70 de había declarado más caliente que el infierno.
“You keep on saying you’ll be mine for a while, you’re lookin’ fancy and I like your style, you drive us wild, we’ll drive you crazy…”
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