
Alguna vez Dotty Mack Sanders reveló que ella y su hermano Ronnie solían pasar los atardeceres con las narices pegadas al ventanal, esperando por su madre Louise, encargada de las tareas de limpieza de una gran casona a pocos kilómetros de ahí. “A veces su labor implicaba que volviera a casa con nosotros con las rodillas sangrando, algo que sin duda lastimaba mucho a mi hermano porque con la reciente muerte de mi padre, él había asumido el rol de hombre de la familia”.
Enamorado de cualquier variante musical y dedicado desde años atrás a escribir bocetos de canciones en el mínimo rato libre que tuviera, el cariñosamente apodado “Rocco” por los amigos de las banquetas de Harlem remedió aquella compleja rutina familiar a inicios de 1963, cuando puso en órbita el tema “He’s So Fine” en voz de The Chiffons, un ensamble de cuatro chicas de la escuela secundaria James Monroe del Bronx, adonde el jovencito Ronnie se había mudado.
La respectiva celebración de los Mack apenas y cupo en la pequeña recámara en la que dormía la madre de Dotty y Ronnie. “Su canción se convirtió en el tema número uno del mundo. Ronnie fue capaz de cumplir todas esas cosas que le había prometido a nuestra madre. Recuerdo esa noche que llegó a casa y nos despertó a mí y a mi hermana menor Brenda y nos pidió que fuéramos inmediatamente a la cama con nuestra madre. Ahí abrió una gran maleta y vertió dinero por todas partes”, relató Dotty al sitio Songfacts. “Lograr esto no fue fácil para mi hermano. Muchas las veces la gente llegó a mofarse por la ropa que vestía y la forma en que se veía. Sin embargo, él se mantuvo fiel a su sueño, nunca se rindió”.
Aquella celebración en la alcoba, con luces tenues, sonrisas chuecas por el desvelón y unas cuantas lágrimas cargadas de emoción y desahogo en honor a las épocas de mayores tribulaciones, se dio en los primeros días de abril de 1963, habiéndose instalado “He’s So Fine” en el máximo pedestal del Billboard Hot 100 y relegando al segundo escalón a “Our Day Will Come”, azucarada balada de Ruby And The Romantics que décadas después reharía Amy Winehouse. La hazaña coincidió, además, con el histórico momento en que unos incipientes y jovencísimos Beatles recibieron de manos de su productor George Martin su primer disco de plata en los cubículos de la EMI House de Londres tras haber despachado más de doscientas cincuenta mil unidades de su sencillo “Please Please Me”.
El periodo de dicha de Ronnie y sus familiares duró muy poco: ese mismo noviembre, diecisiete días antes del asesinato de John F. Kennedy, el letrista falleció con veintitrés años, producto de un ataque demoledor del linfoma de Hodgkin a su sistema linfático.
“He’s so fine (oh-yeah), gotta be mine (oh-yeah), sooner or later (oh-yeah), I hope it’s not later (oh-yeah), we got to get together…”
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