
Lo advirtió la Rolling Stone desde 2022 con un titular que provocaba cosquilleo hasta en las estatuas: “Chappell Roan es la estrella pop de la tienda de segunda mano lista para apoderarse del mundo”.
Dos años después, la profecía se cumplió: los editores de la revista ratificaron su premonición y encumbraron a la extravagante cantautora de los ojos aceituna haciéndola aparecer con boca abierta y maquillaje excesivo en su portada del mes de octubre, a lo que ella respondió en redes sociales: “Gracias, Rolling Stone, esto es un sueño hecho realidad”. Por si la elección no hubiese sido suficiente, la publicación colocó el single “Good Luck, Babe!” como la mejor canción del 2024, distinción con la que en la otra orilla del Atlántico coincidieron los mandamases del diario The Guardian y del semanario New Musical Express, para cuya tapa también posó.
El tornado de alabanzas y solicitudes de entrevistas se antojaría una anomalía para Kayleigh Rose Amstutz, la chiquilla que nació en la apacible Willard el 19 de febrero de 1998, exactamente cuando “My Heart Will Go On” de Céline Dion estaba a punto de encallar en el tope del Billboard Hot 100. En aquella localidad de Misuri que no rebasaba los siete mil habitantes, la pelirroja apenas asomó la cabeza al rock alternativo, siempre cercada por una férrea y muy conservadora educación cristiana que le hacía visitar la iglesia entre tres y cuatro veces por semana.
Con la mente volando muy por encima del chismorreo pueblerino, la introvertida estadounidense comprendió que su nombre requería una sustitución urgente y metió en la licuadora a su difunto abuelo Dennis K. Chappell y a una de sus piezas preferidas de la infancia, “The Strawberry Roan” del vaquero Curley Fletcher, y con ello creó su alter ego.
Y como hizo con el nombre… Kayleigh modificó igualmente su residencia. Y en Los Angeles, la urbe que la acogió sin prejuicios ni misericordias (“Aquí me siento libre de ser quien quiero ser”), colisionó por vez primera con una cuadrilla de drag queens que le hizo nacer de nuevo y concebir temas como “Good Luck, Babe!” con altas cargas de todo eso que en su niñez jamás presenció. En pocas palabras, la canción con sintetizadores ochenteros y un estribillo interpretado con falsetto que en únicamente medio año sumó mil millones de reproducciones en Spotify refiere a una chica que corteja a Chappell, pero que al final prefiere conservar la apariencia, ahogar los impulsos y permanecer dentro de los límites de la heterosexualidad: «Necesitaba escribir una canción que remitiera a una situación común dentro de las relaciones queer, donde alguien está luchando por llegar a un acuerdo consigo misma. Es un corte acerca de desearle lo mejor a alguien que evade sus verdaderos sentimientos».
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