
Sucedió mientras el tío yacía hundido en una rígida butaca de cine, anatómicamente descompuesto como ropa mal doblada. Con semblante despreocupado y las vértebras apretujadas contra el respaldo del asiento, Neil Young se topó por vez primera con Carrie Snodgress y, súbitamente, quedó atónito y ciego y mudo y sordo. Cargado de ansiedad y deseos de hacer algo que aún no lograba delinear a detalle, el capo de veinticinco años escapó de ese agujero con un golpeteo retumbándole en el pecho y un hormigueo continental en el cuerpo, desde Alaska hasta Ushuaia.
Embelesado por esa actriz de ojos planetarios y cabello rubio que en la gran pantalla sostenía un diálogo largo en la cinta Diary of a Mad Housewife, el ex Buffalo Springfield recompuso la postura, salió del trance y aglutinó todos sus anhelos, intenciones y altas fiebres en torno a la joven de Barrington, Illinois, decidido a reducir distancias y propiciar un encuentro con ella más pronto que tarde. Lo que fuera, como fuera, con la excusa que fuera.
Semanas más tarde, el canadiense que concretaba su divorcio de Susan Acevedo (la musa que inspiró “Cinnamon Girl”) asistió a una puesta en escena teatral en la que Carrie participaba. Acabada la función, se las ingenió para deslizar una nota en el camerino donde había escrito una sola línea: “Llama a Neil Young”. Sorprendida, Snodgress atesoró la osadía del remitente y no demoró muchos días en marcar al número que indicaba el recado. Años después, admitiría cierta confusión en este episodio, un balbuceo que le sucedió a miles en aquel tiempo: «Valga decir que era incapaz de distinguir entre Neil Young y Neil Diamond».
La maniobra del cantautor de Toronto desembarcó en tierras de felicidad: él y Carrie iniciaron un romance en 1971, tuvieron un hijo con parálisis cerebral al que llamaron Zeke y construyeron un nido en el cual Young desparramó letras, acordes, ideas y decenas de canciones. Una de estas es «A Man Needs a Maid», parte del monumental Harvest de 1972, donde recuerda aquella primera noche que posó los ojos en la rubia de la voz ronca: “A while ago somewhere, I don’t know when, I was watchin’ a movie with a friend, I fell in love with the actress. She was playin’ a part that I could understand…”
Tan desconcertante título y un par de versos en los que mencionaba su necesitad de que alguien mantuviera limpia su casa y organizara sus comidas a diario lo inundaron de cuestionamientos que eclipsaron buena parte del romanticismo de su creación. El propio Neil ya anticipaba tales reacciones desde el primer recital en que interpretó «A Man Needs a Maid». Fue en enero de 1971 en el Boston Music Hall: «Esta es una canción nueva. Es algo así como… bueno, realmente no significa lo que dice. Es únicamente la idea de que cualquiera que piensa lo suficiente como para decir algo así demuestra que algo más está pasando. Así que se te lo tomen como algo personal. Realmente no quiero una criada».
Aunque intensa, la relación entre Young y Snodgress terminó pronto. La separación llegó en 1975 y ocho años después, la mujer que había dejado su carrera como actriz para dedicarse a Neil y a Zeke abrió el portal a la revista People: «Creo que era hora de que él siguiera adelante. Empezó a pasar tiempo con amigos, yendo sin mí a Los Ángeles. Un día regresó y dijo que era hora de que me fuera. No sé por qué rompimos, jamás peleamos. Hoy intento avanzar día a día y es una dinámica nebulosa. Ahora mismo, solo somos mi hijo y yo».
Hospitalizada en un centro médico en California, Carrie murió por insuficiencia cardiaca en 2004, lejos de aquel jipi que ya entonces sumaba veintiséis años de matrimonio con Pegi Morton, su siguiente musa.
Opina en Radiolaria