
Al tiempo… miles los han colocado como la primera gran banda de rock salida de Irlanda, pero a mediados de 1972 los ejecutivos de Decca Records los tenían arrodillados y con la guillotina lista, hartos de esperar que editaran un «gran single«. Ted Carroll, el agente de los amenazados Thin Lizzy, pidió una última oportunidad para sus chicos, ocasión que el líder afroirlandés del grupo, Phil Lynott, agradeció con la serenidad de quien sabe todas las respuestas del un examen escolar.
El flaco se sacó de la manga «Black Boys on the Corner», un corte pura vitamina donde expandía su orgullo por ser negro y enseñaba su idolatría hacia Jimi Hendrix, fallecido dos años antes.
Todos de acuerdo en el cuartel Lizzy. Para poner a circular el sencillo solamente había que colgarle una cara B, pero Lynott no quiso quemar municiones y pidió echar mano de un tema ajeno. Siendo él un adorador del folclore irlandés y los Thin una cuadrilla de tabernas, hubo de dónde elegir. En el receso de un ensayo, el cantante empezó a manipular una composición legendaria que sonaba en todos los pubs de Dublín y que recita el despunte y derrumbe de Patrick Fleming, rebelde, trotamundos, ladrón y asesino que murió en la horca en 1650, tras ser traicionado por su amada, una tal Molly.
«Phil y yo solíamos bobear con canciones tradicionales y una tarde empezó a cantar «As I was goin’ over… the Cork and Kerry mountains…» Nuestro agente Ted Carroll lo escuchó y pidió que la grabáramos. Nosotros le dijimos que no fuera estúpido, que habíamos salimos de Irlanda para dejar atrás esa clase de música y que ahora se le ocurría esto», contó a la BBC el guitarrista Eric Bell.
Más que una nueva variante folk, aquí había madera rockera, fibra absoluta que electrificaba a los afectos a los bares apenas brotaban los tres rasgueos iniciales de Bell. Catártica como un golazo en el ángulo, la canción era festiva y abrasadora, digna de una pandilla de pendencieros, bebedores, fumadores y amantes de la farra que en sus casas eran todo… menos héroes.
Thin Lizzy hurtó «Whiskey in the Jar» completita, un robo que al sonar glorioso, encontró absolución. Entre sus rizos afro y esos pantalones de tubo que parecían estirarle las piernas, el joven Phil rugió la tragedia de Fleming como ninguna otra criatura del rock y a cambio obtuvo veneración aquí y allá. El cambio de planes, entonces, fue necesario: «Black Boys on the Corner» terminó como lado B y “Whiskey in the Jar» irrumpió en la radio en noviembre de 1972. Meses después, asaltó la cumbre del chart irlandés y con ello la agrupación se presentó por primera vez en Top of the Pops. Excitado sobre un montículo luminoso y rodeado de chicas con minifalda que cadereaban y le dedicaban miradas cargadas de exquisita suciedad, Phil arrasó en cadena nacional.
El 8 de junio de 2019, unos californianos elevados a categoría de semidioses del metal recalaron en Irlanda para presentarse en el mítico Slane Castle a la hora anaranjada, justo antes de que el sol se fuera a dormir. El cantante James Hetfield y el guitarrista Kirk Hammett se miraron sonrientes y en un instante navajearon el aire pueblerino con esas tres notas iniciales que en aquellos lares son bíblicas. Enloquecidos, los locales arrojaron sus cervezas en dirección a Júpiter y corearon cada estrofa de «Whiskey in the Jar» en completo frenesí. Cinco minutos después, el canoso Hetfield depuso la guitarra, conectó los ojos con el cielo y gritó «¡Te amamos, Philip, gracias!». Más de 75,000 leales secundaron con aplausos su tributo al fallecido irlandés de cabellera afro que décadas atrás moldeó la versión suprema de un clásico alegre, vital e indispensable para los desvelados, asiduos a las tabernas y hermanos del tarro. Esos incomprendidos de garganta sin peaje y testosterona etílica que en sus casas son todo… menos héroes.
“Musha rain dum a doo, dum a da, ha, yeah, whack for my daddy, oh, whack for my daddy, oh, there’s whiskey in the jar, oh…”
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