La historia detrás de las más grandes canciones

‘Raindrops Keep Fallin’ on my Head’ o el héroe del banquillo

Óscar a la Mejor Canción Original en 1969 y número uno del Billboard en los primeros días de 1970, además de hacerse de la cima en países como Argentina, Canadá, México, Noruega y Singapur.

Los meses de ensueño para B.J. Thomas, cantando «Raindrops Keep Fallin’ on my Head» al amparo de un ukelele intoxicante, parecieran la resulta dichosa de un plan magistralmente ejecutado. La realidad… fue todo lo opuesto. El cantante de Oklahoma, un pimpollo bien parecido de veintisiete años, recién casado y con alcances medianos, trompicó con la diosa fortuna por un descarte.

En pos de construir la canción base del filme Butch Cassidy and the Sundance Kid, protagonizado por los galanazos del momento en Hollywood, Paul Newman y Robert Redford, el compositor Burt Bacharach llamó a Ray Stevens, cantante de country, para que se hiciera cargo de las vocales de «Raindrops…». Sin embargo, ¡oh, sorpresa!, con elegante ingenuidad éste dejó pasar la invitación von tal de centrarse en otro corte al que le vio mejores costuras: el «Sunday Morning Comin’ Down» de Kris Kristofferson.

Con una mueca similar a la de un entrenador de fútbol al que se le acaba de lesionar su goleador estrella, Bacharach miró al «banquillo», localizó a Thomas y le ofreció interpretar aquella oda al optimismo. El patilludo de ojos traslúcidos no chistó, pese a que en esos días su garganta era terreno en ruinas, bombardeada por una laringitis tan severa que la recordó con claridad cincuenta años después: «Grabamos solo cinco tomas de la pieza, no pude hacer una más. Sentí que había cantado terriblemente mal, muy áspero, pero al señor Bacharach le agradé; pensó que así sonaba más auténtico y natural».

Apretujado por el morbo, Ray Stevens escuchó cómo el single que había dejado escapar se esparcía por una y mil estaciones de radio, mientras él se mantenía fiel al corte compuesto por Kristofferson, el cual llegó al número uno del Billboard meses después. Este acontecimiento, sin embargo, no fue mérito suyo, hecho que recrudeció su calvario mental.

«Invertí varias semanas en el estudio grabando ‘Sunday Morning Comin’ Down’, me metí mucho en ello. Al final, debo decir que mi elección no fue un éxito. Creo que mi imagen pública no fue propicia para cantar una canción que habla acerca de ser apedreado un domingo por la mañana. Johnny Cash lanzó la misma canción un año después (1970) y se convirtió en un éxito. Mi imagen no conectó con ‘Sunday Morning…’, la de Johnny sí».

El 5 de marzo de 2021, dos semanas antes de anunciar oficialmente al mundo que padecía un cáncer de pulmón en fase terminal, B.J. Thomas concedió una entrevista a Dave Paulson del diario The Tennessean que, bien sabía, sería la última. Pero lejos de arrojarse al abismo del drama y aprovechar la interlocución para limpiar el aire con proclamas lastimeras y tirar contra el enemigo que le carcomía en silencio, el flaco fue fiel a la lírica luminosa del hit de su vida, rejuveneció un instante y recordó el gran golpe de suerte del ‘69, cuando fue segunda opción -y goleador de reemplazo- de Burt Bacharach: “Cada vez que me topo con Ray Stevens, le doy las gracias por haber dejado ir esa bella canción. Siempre le transmito con sinceridad que sigo sin entender cómo es que hizo eso».

A finales de mayo, B.J. murió.

«Raindrops keep falling on my head, but that doesn’t mean my eyes will soon be turning red, crying’s not for me… ‘cause I’m never gonna stop the rain by complaining…«

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