La historia detrás de las más grandes canciones

Soeur Sourire, la monja que conquistó el Billboard

Habiendo acordado suicidarse en pareja, Jeanne-Paule-Marie Deckers y Annie Pécher solicitaron en su última nota que se les sepultara una junto a la otra.

Aquella lúgubre voluntad, concedida en marzo de 1985 en Wavre, Bélgica, remató uno de los capítulos más inverosímiles en la historia de la música: el de una monja de la Orden Dominica que en su devoción a Dios y a la música llegó al número uno del Billboard en 1963 con una alegre canción llamada «Dominique».

La génesis está en los ratos de ocio que Deckers, conocida en la congregación como la hermana Luc-Gabrielle, convertía en esbozos de piezas inocentes entre los muros del convento de Fichermont, en Waterloo. Enredada a los sonidos que escapaban de su guitarra de palo y ajena a los hits poperos y rocanroleros que copaban la radio en la esquina de los años 50 y 60, la monja jugueteaba en soledad sin hacer caso a tendencias externas. La repetitiva melodía en la que cantaba con su voz suave «Dominique nique nique…» era, al menos, adictiva y la prueba está en que las demás monjas llegaban a cada merienda susurrando ese verso casi sin darse cuenta de ello.

Uno de esos ratos creativos entre crucifijos trascendió el plano citadino y convenció a la madre superiora del convento de llamar al sello Phillips en 1961 para ofrecer el talento de su pupila y sugerir la grabación de un disco. El trato incluiría dos condiciones: las ganancias serían administradas por la Orden Dominica para convertirlas en donaciones y la identidad de la virtuosa de la sotana no sería revelada. Así, se le eligió un sobrenombre que empatase con su mayor cualidad facial: Soeur Sourire (Sor Sonrisa).

«Los superiores velan por mi humildad. Las fundas de mis discos no llevarán foto; mi cara jamás será fotografiada y debo adoptar un pseudónimo para ocultar mi nombre religioso», escribió la hermana en su diario. «El éxito me causa desconcierto. No vale la pena hacer tanto ruido por unas cancioncillas, pero me alegro por el mensaje que este suceso puede dar al mundo: las religiosas no somos retrógradas, igual editamos discos. Además, el beneficio de toda esto irá a las misiones, que tienen necesidad de ello«.

El anonimato se quebró cuando la producción del show de Ed Sullivan presionó lo indecible hasta lograr una exclusiva en el convento de Fichermont. La entrevista con la monja cantante salió al aire el 5 de enero de 1964, justo después de que «Dominique» hilara cuatro semanas en la cúspide del Billboard, doblegando a bandas gigantescas como The Kingsmen y The Beach Boys.

En el final de ese 1964, sin embargo, Soeur Sourire confrontó su apodo y plasmó en su diario la profunda crisis espiritual que la flagelaba: «Esta comunión no deseada ha sido una mentira. Cristo aceptado, tolerado como extraño, para cubrir las apariencias. Orar sería mentir. Había posibilidad de contactar con Dios por la música, pero la música me ha parecido de una belleza relativa que no llena. Estoy sin deseos. Rezaré ahora el oficio de completas, con el corazón seco, por tener la conciencia tranquila…«

Antes de jurar votos a perpetuidad, Jeanne-Paule-Marie Deckers abandonó el convento y se reintegró al mundo con una movida que parecía haberla atragantado por años: se fue a vivir con Annie Pécher, su antigua amiga, futura pareja y cómplice incondicional en tiempos cada vez más adversos en los que el fisco la acorraló en reclamo por las ganancias de «Dominique».

En 1985, con el filo tributario al cuello, Jeanne elevó una última plegaria a Dios en la casa que le sería arrebatada y, sonriendo, ingirió junto a Annie una alta dosis de barbitúricos remojados en alcohol para terminar con sus pesares. Las amantes yacen enterradas en un cementerio de Wavre, en dos tumbas unidas por una placa en la que se lee: «J’ai vu voler son âme. À travers les nuages» («He visto su alma volar entre las nubes«).

Una respuesta a “Soeur Sourire, la monja que conquistó el Billboard”

  1. Avatar de
    Anónimo

    mmm que buena historia

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