
Desprovisto en su tiempo de promoción radiofónica, «Just Like Honey» es y será por siempre el sencillo de sencillos de The Jesus and Mary Chain, la sociedad de Glasgow experta en levantar muros de tortura, el proyecto encabezado por William y Jim Reid a quienes los charts les importaban tanto como Neptuno, la dupla genial y disfuncional de hermanos anterior a los Gallagher que inició su aventura en 1983 con las trescientas libras esterlinas que su padre les regaló el mismo día en que fue echado del trabajo.
Inserto en su álbum de 1985, de debut, de distorsiones y de un título imposible de olvidar (Psychocandy), «Just Like Honey» es una bella muestra de cómo la agrupación de las gafas oscuras, los cabellos cardados a medio camino entre The Smiths y The Cure y la amargura rítmica prefería cantarle a las drogas que al amor, en este caso a la cocaína. «Recuerdo estar grabándola y experimentando sensaciones exquisitas en aquel tiempo, pero en realidad uno no sabe cómo le llegará a la gente sino hasta que sale a la luz. Es hasta ese momento que uno puede contemplar todas las reacciones. En este caso, la canción pegó con fuerza», afirmó en una entrevista Jim, el menor de los Reid que se quedó con el puesto de cantante tras vencer en un simple volado a su hermano. «Esto se dio en una época en que se armaban las golpizas en los conciertos anubarrados de The Jesus and Mary Chain. Había gente que sacaba mucha mierda y se pegaba con todo. Cuando empezábamos a tocar ‘Just Like Honey’ muchos paraban y decían algo así como ‘Ah, ¿no suena increíble?’ Y luego comenzábamos ‘The Living End’ y el público sacaba de nuevo los bats de béisbol para seguir las peleas.»
En la década de los 90 la banda discípula de The Velvet Undeground se hartó de interpretar en vivo «Just Like Honey» y quiso sepultarla para afirmar en todo lo alto que era tiempo de evolucionar. Sin embargo, la cineasta Sofia Coppolla le dio vida nueva en 2003 al incluirla en los minutos culminantes de Lost in Translation, filme que protagonizaron Bill Murray y Scarlett Johansson.
La secuencia en la que se destapa el efímero amor incubado en Japón entre el veterano y la joven, besándose en medio de una concurrida callejuela de Tokio, sirvió para que una nueva generación preguntara por las notas deliciosas que sonaban de fondo. Y así, cuatro años después del suceso que supuso un revival de la canción, los Reid decidieron contactar a Johansson para pedirle les acompañara al entarimado del festival de Coachella. «Esperábamos que Scarlett se negara, pero sorpresivamente accedió. Vino a la prueba de sonido, salió con nosotros y se mostró muy dulce, aterrizada y sin esa fachada de estrellita de Hollywood», contó Jim.
El momento apoteósico y crujiente de aquella jornada de viernes en California, con la actriz cantando junto al grupo escocés el sencillo que fue lanzado cuando ella tenía meses de nacida, no encontró comparación.
“Listen to the girl, as she takes on half the world, moving up and so alive in her honey dripping beehive, beehive…”
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