La historia detrás de las más grandes canciones

Un poco Charlie, un poco Nicole

«Repentinamente, esta persona en la que confiabas más que a nadie en el mundo se convierte en el ser que puede lastimarte de la peor manera».

Taylor Swift no estaba firmando un divorcio cuando escribió «my tears ricochet», con esas agujas líricas que se hunden en un punto de la piel y reaparecen en otro.

La de West Reading no atravesaba tal derrumbe personal, ni siquiera estaba cerca de una zona de devastación, pero era 2020 y el mundo yacía recluido y una pandemia había provocado que millones mataran el tiempo imaginando ser lo que nunca antes fueron. Y entre el pasmo ocasionado por un enemigo virulento, el encierro y los días en que daba tiempo de nacer, almorzar y envejecer, chicas como Swift edificaron a placer sus noviazgos, sus bodas, sus lunas de miel, sus batallas y sus lamentos entre escombros, yendo de dicha a desdicha y de vuelta. Viajaron mentalmente a un mundo paralelo y se figuraron agujeradas por el amor. Porque sobró tiempo para vivir dos vidas, la verdadera sin vaivenes excitantes, y la abstracta, completamente irreal pero interesante. Falso es que el entretenimiento sea el gran opuesto del aburrimiento; lo es el dolor.

Habiéndose cancelado Glastonbury, festival en el que estaba anunciada como estelar, Taylor hizo de su propia reclusión un rito de absorción cotidiano y las muchas horas que estaban marcadas para preparar semejante acontecimiento en Inglaterra se volvieron ratos dilatados frente al televisor, en pantuflas, alargando la noche y palpando la madrugada. Fue fácil, entonces, que una cinta de divorciados, se le colara entre los ojos y el alma. «Creo que escribí las primeras letras de ‘my tears ricochet’ después de ver Marriage Story y de entender algo acerca del tiempo en que los matrimonios se van a pique y la relación acaba de forma catastrófica», afirmó la cantautora sobre el filme de Noah Baumbach estrenado en 2019 y que durante 135 minutos exhibe el quebranto entre Nicole y Charlie (Scarlett Johansson y Adam Driver).

Una escena es memorable, por insoportable, por secretar adrenalina y por doler en cuerpo ajeno: la fragorosa discusión junto a las sillas del antecomedor en la que Charlie abre el muro con un puñetazo justo antes de acercarse a Nicole para gritarle en la cara, con rabia y saliva: «¡Todos los días me levanto deseando que estés muerta! Si pudiera asegurar que Henry (hijo de la pareja) estará bien, esperaría que contrajeras algún mal o que te arrollara un coche y murieras…«

El final de la catarsis en la que Charlie cae de rodillas, sollozando y con el cuello descompuesto, y Nicole, aún torpedeada por el eco de los insultos, descansa su mano en la espalda de su esposo, dejó perpleja a Swift, atónita e indirectamente lista para sentarse a escribir los versos fundamentales de «my tears ricochet»: «And if I’m dead to you, why are you at the wake? Cursing my name, wishing I stayed, look at how my tears ricochet…«

Acostumbrada a ser un hashtag con símbolo propio e hipervigilada a toda hora por sus seguidores, los fervorosos y recelosos swifties, Taylor fue oportuna al confesar que la historia detrás de la melodía no partía de experiencias propias. En ese tiempo, el verano de 2020, navegaba en aguas calmadas de la mano del actor británico Joe Alwyn, su pareja desde 2016, así que fue mejor evitar las habladurías.

Su amor perduraría tres años más hasta el día en que fueron un poco Nicole y un poco Charlie. Solo un poco. Porque en el adiós no hubo muros dañados ni maldiciones lanzadas entre rabia, saliva y lágrimas. Su decadencia sería materia de otra canción.

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