
«No tengo por qué ser apreciada ahora. Todos ustedes me valorarán en veinte años».
El pronunciamiento de la Lady Gaga de veinticinco años, más altiva, más flacucha y menos dulzona que la modosa peinadita que en 2019 dio entre lágrimas su acceptance speech del Óscar por «Shallow», tiene aromas bíblicos. Esa expresión de serenidad y extrema seguridad frente a la incomprensión del mundo, esperando a que en alguna otra época o en otra vida, la sociedad termine por reconocerla.
Una de sus canciones, «Bloody Mary», cumple con esa dislocación de los tiempos. Es una anomalía, un anacronismo que acabó conquistando a legiones de adolescentes once años después de anidar en la tirilla de composiciones de Born This Way, un álbum que, básicamente, tararearon sus tíos. La curiosidad: de aquel disco publicado el 23 de mayo de 2011 emanaron cinco sencillos y ninguno de ellos fue el track de María sangrienta.
El fenómeno no escurrió por los montes tradicionales. Ejemplificó, más bien, la extinción del modelo promocional de antaño, el del single elegido por el artista y respaldado por una extenuante gira de conciertos, y abanderó la fructífera combinación de las manías actuales: una serie de televisión en boga y una red social efervescente.
«En la canción, estoy batallando entre la fantasía y la realidad. Está inspirada en mi auto (un Rolls Royce color sangre) y en María Magdalena, la mejor novia de un rockstar«, explicó Lady Gaga, convirtiendo a Jesucristo en un héroe de masas más carnal, afecto a enamorarse y a cambiar parábolas por canciones.
En otra ocasión, le dijo al NME: «Yo creo que María Magdalena era absolutamente divina y absolutamente humana. Debe ser fuerte cuando Jesús cumple la profecía de morir por los pecados de todos, y todavía preserva su humanidad al molestarse por dejarlo ir. Una debió ser una súperestrella, sin haber dejado de llorar».
En las letras de «Bloody Mary» no hay aterrizajes obvios para hablar de la naturaleza de la mujer históricamente vilipendiada, pero sí asoma la ocasión en que la pecadora por antonomasia fue salvada por Jesucristo cuando estaba a punto de ser lapidada por escribas y fariseos que la acusaban de adulterio. Arropada en un electropop con líneas góticas, cánticos gregorianos y una vozarrón capaz de abrir una tumba a punta de alaridos, Gaga libera a María Magdalena del drama y mete en la licuadora el sarcasmo, el descaro y el humor: «When Punktious comes to kill the king upon his throne, I’m ready for their stones. I’ll dance, dance, dance, with my hands, hands, hands, above my head, head, head, like Jesus said…«
En un pasaje de la serie Wednesday, spin-off de los Addams exhibido en Netflix, la hija de la familia interpretada por Jenna Ortega hacía un baile con «Goo Goo Muck» de The Cramps de fondo. La escena, sin embargo, fue tomada en 2022 por la voluminosa fanaticada de Gaga, quienes la manipularon para que empatara con una versión acelerada de «Bloody Mary», desencadenando el embeleso masivo y provocando que millones de usuarios de TikTok se volcaran alrededor del asuntito y sacaran del sepulcro una canción aplastante y encantadora acerca de María, la de Magdala.
El resurgimiento de la Magdalena se dio seis años después de que el Vaticano, por designio del papa Francisco, reseteara la historia alrededor de la mujer más citada en el Nuevo Testamento. Su reinvindicación en 2016 implicó extirpar su condición de prostituta y pecadora que el evangelista Lucas había plasmado en sus textos, y llamarla a partir de ahora apostola apostolurum (la apóstol de los apóstoles).
La arena movediza de los tiempos, el anacronismo o, como dijo Gaga, la valoración de una mujer polémica… en otra época. En este caso, dos mil años después.
Dondequiera que esté, María ya puede bailar y bailar con las manos encima de la cabeza… lejos de las piedras.
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