Dick Dale y su egipcia

«Lamento el fallecimiento de Dick Dale. Su modo de tocar fue una gran influencia para nosotros, tanto que hicimos una versión de ‘Misirlou’ en nuestro disco de 1963, Surfin’ U.S.A. Amor y misericordia para la familia de Dick«.

Brian Wilson publicó su pésame en Twitter el 19 de marzo de 2019, tres días después de la muerte del autoproclamado «Rey de la guitarra surf», a quien los Boys le teloneraron en el arranque de los sesentas y admiraron por el resto de sus vidas.

Había fallecido un gigante silvestre e indomesticable al que las púas de guitarra y los tablones de los bares le temían, un bostoniano prodigioso y perpetuamente electrificado cuyo single definitivo fue elegido por Quentin Tarantino para sazonar uno de los comienzos más memorables en la historia del cine: el del asalto de un desayunador en Pulp Fiction.

Al igual que Wilson, miles rindieron honores binarios a Dale colgando en sus redes algún clip, en estudio o en directo, del astro de los ojazos verde sobre negro en sus iris, interpretando «Misirlou», el clásico de los años 20 que él tomó en sus manos y puso a hervir con un frenético punteo entrecortado que derretía las cuerdas.

«Se ha dicho que es una vieja canción griega de folk, en realidad ‘Misirlou’ es un término árabe que significa ‘La egipcia’. Yo la escuchaba, pero la tocaban a un ritmo muy lento y tuve ganas de modificarla», contó Dick en septiembre de 2010. «Evoqué la manera de tocar la batería de Gene Krupa, con ese ritmo vertiginoso de 1-2-3-4, 1-2-3-4, y lo adapté a la pieza».

En 1955 Dick Dale y sus familiares se mudaron al sur de California, burbujeante epicentro del rock donde el padre libanés del joven trabajó sin tregua junto al inventor Leo Fender, obsesionados en confeccionar una guitarra dorada de alcances demoníacos, con enormes cuerdas desenrolladas calibre .016, .018 y .020 y sin ningún control de tono -la llamarían eventualmente La Bestia- además de un amplificador de ochenta y cinco vatios que excediera los máximos concebibles de la época.

«Leo Fender era el Einstein de las guitarras y los amplificadores, y un día me dijo… ‘Mira, acabamos de hacer esta guitarra, es una Stratocaster, tócala hasta morir y dime qué piensas’. Yo intenté ser tan ruidoso como la batería de Gene Krupa», rememoró Dale, quien combinó su juguete nuevo con las linduras de la madre naturaleza para consumar un estilo feroz, lejos de cualquiera de los guitarristas alineados a la academia y a la civilización.

«Además de tocar guitarra, surfeaba mucho. Las olas me elevaban y me llevaban al límite, y yo captaba ese gran crujido en el instante culminante para convertirlo en música. Al mismo tiempo, me dediqué a criar decenas de animales exóticos, desde elefantes hasta leones, tigres, halcones y águilas, con el fin de preservarlos y de ponerlos a salvo de cazadores. Cuando mi león africano quería que lo alimentara a las cinco de la mañana, lanzaba un rugido trepidante que yo copiaba».

El 20 de diciembre de 2018, Dick tocó su «Misirlou» en la taberna californiana Belly Up de Solana Beach, no muy lejos de su hogar. Entre aplausos, el octogenario que algún día manifestó su deseo de «morir en el escenario con una explosión de las partes del cuerpo», dijo adiós y entró al camerino haciendo muecas de dolor. Esta última vez fue él, y no las cuerdas de su Stratocaster, lo más endeble sobre la tarima. La Bestia agonizaba. El león no volvería a rugir. La gran ola no rompería otra vez.

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