Hay una canción que jamás se extingue

morr.jpgEn decenas de shows Morrissey usó los últimos acordes de “There Is A Light That Never Goes Out” para quitarse la camisa sobre el escenario, desatar alaridos y despedirse de sus fans mientras su séquito de músicos daba el cerrojazo de oro a la noche.

De hecho, durante una presentación en el Hollywood Bowl, el 8 de junio de 2007, el artista dijo a la concurrencia… “Recuérdenme de esta manera” antes de interpretar este añejo clásico de su ex banda, The Smiths, mientras en la parte trasera del entarimado lucía la silueta a gran escala de James Dean, perpetuo ícono y molde de plastilina en el cual “Moz” basó su imagen facial desde el amanecer de su carrera.

En los líricos de la composición se percibe a la muerte como una posibilidad sanadora y hasta bella. Morrissey toma el papel de copiloto dentro del coche de alguien que parece ser su gran amor y a quien pide que no lo lleve a casa porque en realidad no se siente parte de hogar alguno. Por el contrario, le implora conducir y seguir adelante tanto como pueda; vagar y pasear al grado de dejarle de importar si en algún momento un autobús colisiona con ellos.

And if a double-decker bus crashes into us… to die by your side is such a heavenly way to die…“, reza la letra.

Más allá de las muchas teorías, el británico jamás ha explicado de manera contundente el significado de la pieza que coescribió con el guitarrista de The Smiths, Johnny Marr, en algún momento de 1985. Pero precisamente esta historia ficticia ha sido comparada una y otra vez con Rebel Without A Cause, una de las cintas más importantes en la carrera del mencionado James Dean.

Porque en tal filme, curiosamente, el joven Jimmy Stark, interpretado por Dean, se harta de las situaciones familiares, abandona su casa y se marcha en el automóvil de su amada sin importarle mucho lo que pueda suceder.

Tras la rápida disolución de The Smiths, Morrissey y Marr han interpretado en sus respectivas giras y cada quien a su modo “There Is a Light That Never Goes Out”. Y dicen los que saben y los que han atestiguado un buen número de estos recitales que ninguno de los dos artistas registra canción más ovacionada en sus repertorios. Resulta aplastante el grito de la multitud, la emoción, la catarsis cuando suenan los acordes iniciales de un corte transformado por los feligreses y por los años en himno.

Luminosa pieza, inmortal, directa, perpetua, como dicen sus estrofas. La canción en la que “Moz” sabe que puede callar y únicamente mirar, mientras la masa hace lo suyo… y, a la vez, lo hace suyo.

Y él, como siempre, se deja.

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