La atronadora ‘Sinnerman’ de Nina Simone

“Sinnerman” nació para Nina Simone y Nina Simone para “Sinnerman”. Y eso que, apelando a la más estricta de las verdades, la versión de 1965 de la negra indomable con voz de destino, acaba siendo apenas una interpretación de muchas más que se hicieron del tradicional tema gospel.

La suya, que es un portento de canción al calce de las mañanas soleadas de domingos religiosos, se gesta una improvisación delirante, emocionantísima y de alta velocidad que no se ha podido igualar y que estruja los huesos y compromete los tobillos al sostener un cuerpo electrificándose segundo a segundo.

Más de diez minutos -¿quién osó en plenos sesentas registrar un corte que dura lo que tres?- de una Nina pletórica, cargando con todo. Como si estuviera en llamas, al ritmo de las palmas y el piano vibrante, echa por delante esa voz tersa y violenta que en cada línea acorrala al pecador, quien no halla dónde esconderse: “Oh, sinnerman, where you gonna run to? Sinnerman, where you gonna run to? Where you gonna run to? All on that day…

Nacida para cambiar los cauces del jazz, Simone estaba preparada para hacerse cargo de la versión definitiva de “Sinnerman”, composición espiritual afroamericana con la cual quedó fascinada años antes, cuando la escuchó en una de tantas sesiones de oración y cánticos bíblicos en la iglesia Old St. Luke’s CME, en la rural y pequeña localidad de Tryon, Carolina del Norte, donde su madre, Mary Kate Waymon, era ministra y predicadora metodista.

Estrujante cierre del disco Pastel Blues que produjo el afamado arreglista Hal Mooney, “Sinnerman” se basa en el Libro del Éxodo, donde se hace referencia al hombre devorado por la angustia al saberse pecador, hombre que huye de un Dios en cólera e implora misericordia ante un juicio inminente. Simone modificó ligeramente la conjugación y las letras para hablar de la condenación, pero también de la posible salvación. Un atisbo de luz entre tanta oscuridad.

“Algunas de mis experiencias más fantásticas, y digo experiencias que verdaderamente me causaron arrebato, sucedieron en la iglesia en la cual solíamos tener estas reuniones. Ahí tocaba, ¡realmente tocaba y me encantaba! Todos los que estaban en el recinto cantaban. ¡Ese es mi origen!”, presumió la contestataria Nina en una conversación con Ebony en 1969.

En sus presentaciones en directo la estadounidense fue un caballo desbocado y “Sinnerman” llegó a durar cerca de veinte minutos. A nadie le pesaba. Sobraban motivos para no detener su galope. Era una liturgia vehemente y catártica. “Quiero sacudir a la gente de tal forma que cuando se marchen del club nocturno donde me he presentado, salgan hechos pedazos”, sentenció Simone en el documental de Peter Rodis, Nina: A Historical Perspective.

Ciertamente con aquellas epopeyas en vivo de la negra en estado de gracia, tal deseo se cumplía a cabalidad.

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