Antes de la quinta carta

Motörhead firma su carrera con la huracanada y galopante “Ace of Spades”. Y el resto de sus canciones representa precisamente eso: el resto. El clásico fue concebido a inicios de 1980 durante una sesión de “a ver qué sucede” entre el guitarrista Eddie Clarke y el baterista Phil Taylor, mientras Lemmy Kilmister, el hombre que conocía a las mujeres de noche y las desconocía cuando el sol empezaba a acariciar, atendía otra aventura sin apellido. El productor Vic Mayle fue el primero en encandilarse con la base musical de la canción y pidió trabajar más a fondo alrededor de un riff sugestivo. Poco después, ya con Lemmy a bordo, se pulieron los recovecos de la maqueta.

Con la creatividad desatada, en un parpadeo todo quedó perfilado para que el galante vocalista de los mil acostones cerrara la pinza con la lírica. Kilmister no la pensó demasiado y se aprestó a escribir tantas referencias al juego y las apuestas como fuese posible. Según se consigna en una entrevista que Clarke dio a Louder Sound, Lemmy compuso los versos del tema encerrado en un baño, sitio maloliente y mucho menos glamoroso que el que el bajista barbón refirió en alguna otra charla. “Sin embargo, si él declaró que la escribió dentro de una furgoneta, habrá que creerle”, matizó Eddie.

Cuatro años antes de ser fustigado por la sordera y devorado por un cáncer, Kilmister desenterró uno que otro secreto de “Ace of Spades”, pieza en cuyas líneas machacaba el ganar y perder y enaltecía el mero placer de jugar. “Es aplastante, pero jamás pensé que fuese tan buen corte. Escribirlo fue un simple ejercicio de palabras alrededor del juego”, dijo a Mojo el cabecilla del trío británico que estuvo a punto de llamarse Bastard, palabrita que ciertos asesores les recomendaron desechar para evitar que se les cerraran muchas puertas. “Me complace saber que nos hicimos famosos por ello y no por cualquier otro chasco”, añadió el rockstar.

Para poner luz sobre el germen del término “Ace of Spades”, hay que estacionar la máquina del tiempo en la primera semana de agosto de 1876. Ahí surgió la llamada “Mano del hombre muerto”, combinación de ases de espadas y ochos que ostentaba el alguacil Bill Hickok en una amena partida de póquer al interior del salón Nuttal & Mann’s de Deadwood, Dakota del Sur. Sin aviso y con velocidad de centella, un incauto de apellido McCall apareció en escena con revólver en mano y le pegó un tiro en la nuca. Wild Bill, como le decían los forajidos, cayó de costado y murió esperando a que le fuera repartida la quinta carta.

Irreductible aficionado a la lectura, Lemmy se topó en algún momento con un texto que revisitaba el crimen de Bill y la posterior ejecución de McCall, ahorcado con una soga con la cual incluso fue sepultado. Maravillado, el semidiós del metal guardó fragmentos de la historieta para esparcir algunos de ellos sobre el más aplaudido de los himnos de Motörhead.

Cuatro naipes salpicados con sangre y una taberna sitiada por el diablo. ¡Oro molido!

I don’t share your greed, the only card I need is the ace of spades, the ace of spades, playing for the high one, dancing with the devil…

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